
¡CÓMO AMARÍA... !
¡Cómo amaría que el rayo tremendo, este instante, fulminárame intempestivo y azotador!
El cielo triste y gris vierte, derramador cual crátera divina, un llanto lejano y sublime.
¡Cómo amaría que tierna mariposa, portadora de la vida, posárase cándida sobre mis cejas!
Haciendo de éstas la patria hirsuta y cálida de gérmenes perdidos, bebedores sedientos de
mis lagunas oculares.
El lecho seguro de un bosque frontal que ensombreciera mi visión y la plagara de vientos
rumorosos
¡Cómo amaría que el rayo tremendo, este instante, fulminárame intempestivo y azotador!
Pues, si soy hijo de la luna insomne cuál habrá de ser mi palidecer, sino el de un epígono de
todos los suspiros de desgarros venales.
¡Cómo amaría que tierna mariposa, portadora de la vida, posárase cándida sobre mis cejas!
Y que así como en un crepúsculo prematuro, colmado de preñez vigilante, se imprimiera
en mi rostro el retorno sempiterno
De un son vencedor, albor de los tiempos y que con un rocío vibrante se lavara el alud
atronador de mi corazón.
Pues, si soy hijo de la luna insomne cuál habrá de ser mi palidecer, sino el de un epígono de
todos los suspiros de desgarros venales.
Habitante de las zonas polares, en cuya blancura purísima se anuncia la zahurda de los
pesares, ¡deseoso anhelo mío pretendes
Que así como en un crepúsculo prematuro, colmado de preñez vigilante, se imprima en mi
rostro el retorno sempiterno!




